Ana Pérez Llamas. In memoriam
La muerte de Ana Pérez Llamas, nos ha sorprendido a todos aunque la temíamos y esperábamos. 5 largos años de enfermedad, después de un inesperado diagnóstico de cáncer, vividos, en las alternancias que supone un proceso de este tipo, con una gran entereza y un profundo sentido creyente. Antonio, - su marido-, sus hijas, su familia y todos sus compañeros en el Colegio, son testigos y han sido acompañantes en el camino.
Ana y Antonio formaron parte del 2º Equipo Animador de la Red laical. Con ellos muchos de nosotros hemos compartido Encuentros, reuniones, tiempos  de oración, diálogos y también momentos de expansión y fiesta.  Como buenos andaluces, su talante, su alegría creaba grupo, amistad… aligeraba las sentadas de las reuniones y hacia desaparece cualquier pequeña diferencia que surgiera  en las mismas.

Ana es la sexta persona de la Red Laical de España que ya, desde la Casa del Padre  nos animará a vivir aquí y ahora la alegría del Evangelio como la vivió y testimonió ella. ¡Gracias, Ana!, seguimos contando con tu mano tendida
 
Eucaristía en la celebración de la pascua de Ana Pérez Llamas
Entrada

Me pondré en camino, iré a la casa de mi Padre. Todos estamos en ese camino, Ana, ya ha llegado a la casa del Padre.
La lucha contra la enfermedad ha sido dura, valiente  y esperanzada. Puedo decir que ha sido la mujer fuerte de la Biblia, haciéndose hacendosa, firme y sabia para poner nombre a su proceso.

Ana realizó una opción.  Soy testigo de ella por una conversación en la que me confío: es parte de mi misión en esta vida integrar y entrelazar la muerte dentro del corazón de Dios…

No era ana mujer de medias tintas, a mi me recordaba a las mujeres del Evangelio, amigas y discípulas de Jesús que fueron las únicas que se mantuvieron firmes , fieles y seguras… Así era Ana, nuestra amiga, nuestra hermana, nuestra compañera, fiel a su fe y a su compromiso en la familia, en el colegio, con los amigos y lo más importante, consigo misma.
Es legítimo llorar su muerte, pero al mismo tiempo hemos de unirnos: sólo las manos tendidas y entrelazadas pueden ayudar a sostener a Antonio, a sus hijas, a sus padres, sus hermanos…

Aquí estamos hoy juntos los que la queríamos mucho con sentimientos contradictorios, dolor y esperanza, tratando de escuchar un mensaje difícil para nuestra debilidad “¡Animo!, no temáis, Yo he vencido a la muerte”

Ana, por ti, por el testimonio que nos dejas, seguiremos buscando nuestro itinerario hasta llegar a la casa del Padre. Que como tu sepamos mantener la llama y no dejemos apagar el fuego que arde en nuestros corazones.

foto Ana 1


Final

En este día en el que   nos hemos congregado en torno a Ana, estoy segura de que todos y cada uno, tenemos muchas cosas por las que dar gracias al Señor, sobre todo, por lo más importante, por haberla conocido.

Gracias, Señor, porque Ana  nos dio a conocer lo fundamental que, para ella, era la familia. Ana ha sido una mujer entregada a su querido Antonio, se ha desvivido por sus niñas, nos ha hablado de sus padres con el cariño y dulzura que sentía hacia ellos, de su preocupación por todos los suyos.

Gracias, Señor, por esa sonrisa  que siempre nos regalaba por las mañanas, cuando llegaba al Colegio, a sus compañeros y a sus alumnos, esos alumnos a los que h sabido transmitir muchísimos conocimientos, pero, sobre todo, muchos valores que, ciertamente, nunca olvidarán.

Gracias, Señor, por su manera de relacionarse y situarse en la comunidad educativa, como si fuera también su familia: se preocupaba por todos y cada uno de nosotros. Incluso, cuando no tenía ni fuerzas, siempre tenía una palabra de aliento, una sonrisa.

Gracias, Señor, por su tesón y ganas de vivir. Nos contagiaba su alegría y aunque sus fuerzas iban fallando, nunca decía que no.

Gracias, Señor, porque nos ha transmitido el espíritu de la Compañía a todos los que hemos tenido el privilegio de ser sus amigos. Ha sido esa Santa Juana (igual a la del cuadro que te regalaron y tanto le gustaba) que ha ido encendiendo una llama en el corazón de cada uno de los que se han cruzado en sus camino. Estoy segura de que ninguno dejaremos apagar esa llama.

Podría estar dando gracias eternamente, por tantas y tantas cosas y por  tantos momentos vividos juntos… Que sepas, querida compañera, que nunca, nuca te olvidaremos y que sabemos que  allí, en ese sitio tan privilegiado que Dios te tiene guardado, en el “cole del cielo”, seguirás ayudándonos.

Esto, Ana, no es una despedida; es un hasta que nos volvamos a ver mi querida compañera.


(Puente Genil , 12 de enero de 2014)