En el Domingo de Pentecostés 2013 PDF Imprimir E-mail
Iglesia
Escrito por Gloria Jenaro   
Lunes, 20 de Mayo de 2013 08:44
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En el Domingo de Pentecostés 2013
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Francisco: «¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios o atrincherados en estructuras caducas

El Papa Francisco eligió tres conceptos para animar a los fieles a entender y confiar en el Espíritu Santo: su novedad, su armonía y su misión

 

                En esta solemnidad de Pentecostés, contemplando y reviviendo «la efusión del Espíritu Santo, que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia», acontecimiento de gracia que desborda el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo y que «no es un hecho lejano, de hace dos mil años, sino que llega hasta nosotros», el Papa Francisco - presidiendo la celebración de la Santa Misa, en la Plaza de San Pedro - culminó la Jornada de los movimientos eclesiales de los cinco continentes, reunidos con el Obispo de Roma, que ya en la Vigilia de este sábado contó con la participación de unos doscientos mil fieles.

Novedad, armonía y misión fueron las tres palabras sobre las cuales el Papa quiso reflexionar en su homilía. Con la liturgia que, con la efusión del Espíritu Santo, sella el nacimiento de la Iglesia, preguntó ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón?

 

En Jerusalén, donde están reunidos los Apóstoles, un estruendo de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles «de las grandezas de Dios».

Reflexionando sobre la novedad, que nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control en nuestra vida, el Obispo de Roma señaló que esto nos sucede también con Dios: con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad, trasforma y pide confianza total en Él:

«No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?